21.11.10

Olor a sahumerio, comodidad nostálgica, el delineado que ya se corrió, el sol que ya se apagó, el corazón en llanto y no lo dejas hablar, pero el viento artificial no se cansa de soplar. Noche traviesa que te invita a salir, te dice ¡Bienvenido (nuevamente), todo tuyo es el descontrol! Morís por perder toda coherencia y moral, y aunque tu inconsciente te avisa lo callas con cuatro palabras, cuatro nada más: Mañana todo estará igual. Sabes mejor que nadie que no serás feliz, que solo perder los escrúpulos no te hará libre de las consecuencias, al contrario, te hará más responsable que lo que aprendiste a cargar. De todas formas lo harás, e igual que en el pasado en lugar de  diversión te despierta, con un zamarreo, la culpa de lo que pasó. Tal vez por eso es tan excitante cuando comenzás a caminar, los primeros pasos hacia el mercado de las almas, donde los labios están de oferta y la vida muta en fantasías, tan relajantes como estresantes, tan desgastantes como renovadoras, tan ficticias como reales