Me siento como un pájaro en una jaula. Tengo todo lo que
quiero pero no tengo libertad. Mi alma debe tiene 24 años y
mi cuerpo 14. No soporto seguir así. Estas cuatro paredes
me hablan y me dicen que el tiempo será eterno y que
todavía me quedan muchisimos años entre ellas, el techo tan
avaro no me quiere dejar ver el cielo lleno de estrellas con un
luna que encandila y la única ventana acá tiene, literalmente,
rejas. Quisiera ser como esas locas adolecentes que le
gritan a sus madres en la cara y salen dando portazos
después de que les pidieron dinero a sus abuelos y se dirijen
enfadadas a la casa de sus novios drogones o a lo de alguna
amiga que esté peor que ellas para fumar, beber alcohol y
divertirse sin control.
